Hace tiempo, dejé abandonado en mi ciudad un viejo ordenador. Me encantaba mi ordenador con botones de colores, era mi amigo y en él escribía lo que me pasaba. Dejé mi hogar para estudiar, luego comencé a trabajar en una multinacional, luego en otra, y luego en un banco y … me seguía acordando de vez en cuando del pequeño ordenador arrinconado en un armario de provincias, pero tocaba seguir adelante.

Entonces ocurrió algo que cambió mi vida, uno de esos acontecimientos que parece que reposan en algún lugar de nuestro camino y que nos esperan en silencio a la vuelta de cualquier esquina. Fue uno de esos sucesos que te ponen el corazón en la mano y te hablan, y te interpelan, y te cambian en fin. Llevaba unos días con un dolor agudo en el vientre, fui al médico y veía todo normal, pero me dolía. Mi chico insistía en ir a otros especialistas, pero yo me negaba, tenía que viajar; un cliente importante esperaba y luego otro, y otro más.

Al despertar miré hacia arriba y pude ver a mi chico; me cogió del hombro, apretó un poco, yo estaba aturdida, pero pude entrever cómo se escapaba alguna lágrima de sus ojos mientras pellizcaba tembloroso el labio inferior contra los dientes. Me tranquilizó, pero imaginé que la cosa había sido seria, no sabía lo que tenía, y pregunté sin encontrar respuesta alguna. Ahora comprendo que tuve un reventón; una hemorragia interna en las últimas, pero hoy sé que pudo haber sido en cualquier otro sitio. El problema no estaba ahí.

Sí, amiga, volví entonces a buscar a mi viejo ordenador, de pronto sentía que quizá se seguía preguntando cómo estaba, quizá quería saber qué había sido de mí, estaba segura de que mi ordenador aún me quería. Pero igual que yo, mi amigo no funcionaba, se había quedado en desuso por falta de atención, y… y me sentí muy triste. Entonces, quizá por primera vez, de pronto, supe lo que quería hacer con mi vida.

Dejé el trabajo y comencé a crear lo que ahora se ha convertido en estoyradiante.com. Mi viejo ordenador ya no existe, pero tú estás ahí y esta vez estoy decidida a no dejarte escapar. Mi portal, que es el tuyo, simplemente trata de compartir contigo tus aficiones, tus inquietudes, nuestro tiempo. Hoy sólo quiero devolver al mundo todo lo que me ha dado, y únicamente podré hacerlo si cuento contigo al otro lado de mí para poder compartir, contarnos, cabrearnos, ser amigas.

Mi nombre es Ana. Sé bienvenida; gracias por estar ahí.