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Sumergirse en uno mismo

Aunque haya algún día en el que no ponga noticias, siempre estoy ahí. La gran aceptación de este blog, hace que me plantee reformas que permitan entrar a más amigas y aumentar el número de servicios que pueden verse, por eso la tarea a veces me puede. Pero llegó la hora del descanso, hora de encontrate contigo misma. Ahí va una frase para pensar. Que descanses, hasta mañana.

“Así como el pescador de perlas se ata a una piedra a la cintura y se hunde en el fondo del mar para allí recogerlas, cada uno de nosotros debe armarse de desapego, zambullirse en el interior de sí mismo y obtener la perla del Sí-mismo”

Maharsi

Os dejo una fábula que me ha encantado

El joven llevaba un tiempo reflexionando sobre el sentido de su vida. Y, para su desconcierto, barajaba múltiples posibilidades sin que destacase ninguna. Un día se decidió por ir a ver a un reputado y sabio maestro y pedirle consejo:
Señor, ¿qué debo hacer para conseguir lo que quiero?, le preguntó.

El sabio no contestó. El joven después de repetir su pregunta varias veces con el mismo resultado se marchó y volvió al día siguiente con la misma demanda. No obtuvo ninguna respuesta y entonces volvió por tercera vez y repitió su pregunta:
¿Qué debo hacer para conseguir lo que quiero, Señor?

El sabio le dijo: Ven conmigo.

Y se dirigieron a un río cercano. Entró en el agua llevando al joven de la mano y cuando alcanzaron cierta profundidad el sabio se apoyó en los hombros del joven y lo sumergió en el agua y pese a los esfuerzosdel joven por desasirse de él, allí
lo mantuvo hasta casi ahogarlo.

Al fin lo dejó salir y el joven respiró recuperando su aliento. Entonces le preguntó el sabio: Cuando estabas bajo el agua,¿qué era lo que más deseabas? Leer más →

Hola de nuevo y buenos días

julio 6, 2010 por Ana Estoyradiante en Portadacono comentarios

 Seguro que hoy, a poco que mires, encontrarás a una persona, al menos, que dice que sabe mucho de algo, o que nada le sorprende y lo sabe todo porque “si yo te contara, hija mía…”. Pues nada, ni caso.

Antonio Machado dijo en una ocasión que “Los únicos que están siempre de vuelta de todo son los que no han ido nunca a ninguna parte”. Yo prefiero la capacidad de sorpresa, el ánimo por vivir a pesar de la dificultad, una sonrisa de un niño, un señor amable en el autobús…

Te propongo un trato. La próxima vez que veamos a alguien “de vuelta” trataremos de que alguna vez vaya, y la mejor forma de hacerlo yo creo que es tu ánimo en cada jornada. ¿aceptas?

Yo ya me trato, ¿y tú?

Un maestro y su discípulo caminaban por un prado. En su paseo Iban oyendo las voces de distintas criaturas: el mugido de las vacas, el trinar de los pájaros, el balar de las ovejas, el relinchar de las caballerías. . . -Si tan sólo pudiera comprender un instante lo que dicen -dijo en un suspiro el discípulo refiriéndose a los animales. Mucho más importante para ti sería si tan sólo pudieras comprender un instante la verdadera esencia y significado de lo que tú mismo dices -respondió el maestro.

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Pequeñas grandes cosas

Un asceta meditaba profundamente en su cueva cuando se sintió molestado por un ratoncillo que se puso a  roer sus ropas. -Márchate estúpido -dijo el ermitaño-. ¿No ves que has interrumpido mi meditación?
-Es que tengo hambre -contestó el ratón. -Llevaba más de treinta días de meditación buscando la unidad con Dios y me has hecho fracasar -se lamentó el ermitaño. -¡Cómo buscas la unidad con Dios si no puedes siquiera sentirte unido a mí que sólo soy un simple ratón? -respondió el roedor.

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A veces una no sabe quién está peor…

 

Unos hombres fueron a inspeccionar un manicomio famoso por el acertado tratamiento que allí se les daba a los pacientes. Entre los muchos enfermos encontraron a uno de ellos extremadamente sonrojado y que desprendía un gran calor. Preguntaron a los médicos encargados sobre aquel caso tan singular. -Es el enfermo más antiguo del hospital -contestaron aquellos sabios-. Ese hombre se cree un horno.
-¿Y cómo con sus conocimientos no han podido curarlo aún?
-Bueno…verán -se excusaron los médicos-, lo que ocurre es que hace un pan excelente.

El buen juicio no discute, no?

Ocurrió una vez que en un pueblo murió de vejez el juez. Como tardaba en llegar el sustituto y los casos se acumulaban, los ciudadanos decidieron nombrar en el puesto interino a un convecino suyo a quien todos respetaban por su sabiduría y sentido de la justicia. Al día siguiente le llegó el momento de presidir un juicio. Empezó hablando el fiscal, que, de un modo brillante y elocuente, convenció a todos los presentes sobre la culpabilidad del reo.

-¡Tiene razón el fiscal! -exclamó el improvisado juez. -Señoría, aún debe oír al abogado -le recordó el secretario del juzgado. Tomó entonces la palabra el abogado, que, en brillantísima exposición, Leer más →

Odiar perjudica

Una vez oí una frase que me impactó. Un amigo me dijo que odiar a alguien es como injerir veneno y esperar a que se muera el de enfrente. Me encantó, pero hoy he leído un cuento que es también me ha gustado mucho:

Dos hombres habían compartido injusta prisión durante largo tiempo en donde recibieron todo tipo de maltratos y humillaciones. Una vez libres, volvieron a verse años después. Uno de ellos preguntó al otro:

-¿Alguna vez te acuerdas de los carceleros? Leer más →

Cielo o infierno

Un samurai fue a visitar a un viejo sabio para plantearle una duda que lo atormentaba. -Señor, estoy aquí porque necesito saber si existen el infierno y el paraíso. -¿Quién lo pregunta? -contestó el maestro. -Un guerrero samurai. -¿Tú un samuray? -se burló el maestro-. ¿Con esa cara de idiota que tienes?
El guerrero no daba crédito a lo que oía.  -Seguro que además de estúpido eres un cobarde -se mofó de nuevo. La ira se adueñó del samurai que desenvainó instintivamente su sable. -¡Ahora se abren las puertas del infierno! -gritó el anciano. El guerrero comprendió de súbito la actitud del maestro y guardó su sable avergonzado. -¡Ahora se abren las puertas del paraíso! -exclamó de nuevo el maestro.

Otro punto de vista

Un paseante vio una vez a un pastor que, subido a una escalera, daba de comer de las tiernas ramas de un árbol a una cabra que llevaba en brazos. A cada rato debía bajarse de la escalera y buscar una nueva posición donde subirse, para que la cabra comiera hojas verdes. Intrigado, preguntó a aquel hombre:

-¿Qué haces ahí subido a la escalera?

-¿No lo ves? -contestó el pastor-. Doy de comer a la cabra.

-¿Y cómo se te ocurre hacer eso? -volvió a preguntar de nuevo-. No ves que así vas a tardar muchísimo tiempo?

-¿Y qué prisa tiene la cabra?

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