No sabía si contarlo aquí en el blog o no pero, finalmente, me voy a decidir y aquí os relato el peor rato que he pasado en toda mi vida, que lo he vivido esta semana. Así, intentaré no volver a recordarlo y borrarlo de mi mente para siempre. O por lo menos hasta que me suene a una anécdota ocurrida hace tiempo, y no al mal rato que recuerdo ahora.

Como sabéis tengo un bebé de dos meses. Llevo alimentándole con lactancia materna exclusivamente desde que nació. A sus dos hermanos mayores también les di el pecho los cuatro primeros meses de manera exclusiva, pero esto me hizo sufrir bastante. Por las tardes-noches no se llenaban y me tenía que tirar varias horas dándoles el pecho sin parar.

Con el tercero, pensé, esto no me va a pasar. Me dejaré de tonterías y a la mínima que vea que se queda con hambre, le daré el biberón de apoyo por las tardes, y se acabó el problema. Además tengo que atender también a sus hermanitos a esas horas y se hace imposible estando “enganchada” todo ese rato.

Seguí pensándomelo porque soy la reina de los remordimientos, pero la semana pasada llegó un día en el que en mi cabeza pesó más otro pensamiento, ese que dice que vale más el instinto de las madres que cualquier otra cosa. Entonces lo tuve claro, ese era el día, le daría un biberón después del pecho, cuando viera que no estaba lleno. Y así fue, él seguía pidiendo y yo le hice su primer biberón, esperando que pusiera pegas a la tetina, al sabor, a la temperatura o a cualquier otra cosa. Pero no lo hizo. Se lo tomó en un momento, de un trago. Y ahí empezó el peor episodio de mi vida.

niños alergicos

Nada más soltar el biberón, hizo un ruido como si se estuviera asfixiando, después un intento de llorar, con la voz totalmente afónica, y después se paralizó, se quedó totalmente inmóvil con los ojos abiertos pero los párpados caídos y sin responder a nada.

Yo pensaba que se le habría quedado atascado algún trocito de polvos de la leche, así que intenté ponerlo boca abajo y lo golpeaba a ver si se le pasaba, pero inmediatamente me di cuenta de que no reaccionaba y parecía que estaba sin respiración.

Tras unos momentos de histeria, llantos y gritos, que no quiero recordar ni describir pues sus dos hermanitos lo presenciaron todo y aún me duele recordarlo, salimos corriendo al hospital, apenas vestidos, y con el pañuelo por fuera en el coche mientras nos entraba una corriente gélida de aire que tampoco le hacía reaccionar.  Gracias a Dios que por teléfono su pediatra nos fue dando unas indicaciones y sobre todo, nos fue transmitiendo calma. El pequeño seguía sin reaccionar pero ya sólo teníamos que llegar lo antes posible al Hospital de San Rafael.

Allí le atendieron, le pusieron adrelanina y alguna otra cosa que ni sé, y se fue recuperando. No sin antes habérsele hinchado el cuello, brazos, cara, etc.

Al parecer fue una reacción alérgica a la leche, a las proteínas de la leche de vaca. Pudo ser tan fuerte porque no era la primera vez que estaba en contacto con ella, a través de la lactancia materna le podía haber llegado, y aunque se hubiera manifestado no lo habíamos notado. Tan sólo unos pequeños granitos de los que culpamos al calor unos días atrás.

A partir de ahora y durante unos meses no podrá tomar leche normal, sino especial, hidrolizada. Y yo tampoco podré tomar nada que contenga esas proteínas, tendré que acostumbrarme aunque siempre pensé que no podría renunciar ni un solo día de mi vida al chocolate, y qué fácil me está siendo, sólo pensar en la causa.

Lo difícil es pensar en volver a darle un biberón, aunque sea de esa leche. No sé cuándo me atreveré a hacerlo.

Gracias a Dios se recuperó. Él se recuperó.

Yo estoy en ello y espero que, escribiendo esto, se me pase del todo y no vuelva a recordarlo, al menos con esta angustia.

Ahora entiendo mejor a esas madres de niños alérgicos que siempre están leyéndose los ingredientes de cualquier paquete de producto que caiga en sus manos, que comentan en qué supermercado encontraron unas palmeras que no tienen leche ni huevo, que no duermen cuando sus hijos salen de casa pensando en que a alguien se les va a olvidar esas limitaciones y pueda pasarles algo…

Espero que, como a la mayoría, se les pase en un tiempo. Y espero que siempre pueda reconocer los síntomas. Y espero que las alergias en niños no sigan creciendo hasta tal punto de que, en los colegios, hay mesas de alérgicos… ¿Qué estamos haciendo?

Desde hace cuatro días pienso que las cosas no tienen tanta importancia como les damos, que lo realmente importante lo tenemos delante de las narices y muchas veces no lo vemos, o no lo sabemos apreciar. Que la vida es muy bonita y tenemos que vivirla, cada momento y aprovechar los buenos, como se suele decir. Y que siempre tendré que dar gracias por lo que tengo.

En fin, gracias por dejarme desahogarme con vosotras, siempre estáis ahí y yo os lo agradezco.